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Ni Washington ni Pekín: México debe jugar en ambos tableros para fortalecer su economía

La rivalidad entre Estados Unidos y China obliga al país a replantear su estrategia internacional. Un académico de la Universidad Iberoamericana advierte que cerrar la puerta a Asia sería tan riesgoso como debilitar la integración económica con Norteamérica.

México no necesita escoger un solo bando en la competencia económica entre Estados Unidos y China. Su mejor alternativa sería mantener la sólida relación comercial con su vecino del norte mientras amplía sus vínculos con los mercados, la tecnología y las inversiones procedentes de Asia.

Así lo plantea Juan Carlos Angulo, académico del Departamento de Economía de la Universidad Iberoamericana, quien considera que el país debe construir una política exterior pragmática y de largo plazo ante la transformación del equilibrio económico mundial.

El especialista señala que la disputa entre las dos potencias representa un riesgo para América Latina, pero también una oportunidad para negociar con distintos socios sin renunciar a su autonomía ni quedar atrapada en bloques políticos excluyentes.

Estados Unidos seguirá siendo indispensable

La relación con Estados Unidos continuará siendo fundamental para la economía mexicana debido al nivel de integración productiva, comercial y logística alcanzado mediante el Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá.

Las cadenas de suministro de ambos países están conectadas en sectores como el automotriz, electrónico, agroalimentario y manufacturero, por lo que un distanciamiento económico resultaría poco viable.

Sin embargo, depender excesivamente de un solo mercado también expone a México a cambios políticos, conflictos comerciales, medidas arancelarias y decisiones tomadas desde Washington.

Para Angulo, preservar la relación norteamericana no debe significar abandonar las oportunidades que ofrecen otras regiones. México necesita aprovechar la estabilidad de su integración con Estados Unidos, pero también reducir su vulnerabilidad mediante una cartera más amplia de socios.

El crecimiento económico mira hacia el Pacífico

El análisis advierte que el centro de gravedad de la economía mundial se desplaza progresivamente hacia el Indo-Pacífico, una región con una participación creciente en el comercio, la innovación tecnológica y las cadenas internacionales de producción.

Asia concentra mercados relevantes para las exportaciones, la inversión, la infraestructura y las industrias vinculadas con la tecnología. Ignorar ese dinamismo podría reducir las posibilidades de México para incorporarse a actividades de mayor valor agregado.

China, en particular, ha ampliado su presencia en América Latina mediante comercio, financiamiento, proyectos de infraestructura e inversiones. Estados Unidos, por su parte, busca recuperar y fortalecer su influencia económica en la región.

Ante esa competencia, México podría obtener beneficios de ambas relaciones si evita adoptar una posición basada únicamente en afinidades ideológicas o en la confrontación entre potencias.

Diversificar no significa romper con Norteamérica

Una estrategia de diversificación no supondría sustituir a Estados Unidos por China ni debilitar el T-MEC. El objetivo sería generar nuevas oportunidades comerciales y tecnológicas sin poner en riesgo la principal relación económica del país.

México podría fortalecer su presencia en los mercados asiáticos, atraer inversiones de diferentes países y ampliar la participación de sus empresas en cadenas globales de valor.

Esto permitiría reducir la dependencia de un número limitado de productos y destinos comerciales, además de brindar mayor margen de negociación frente a cambios en el panorama internacional.

La pregunta central, según el académico, no debería ser cuál potencia elegir, sino cómo utilizar las fortalezas de cada relación para impulsar el desarrollo nacional.

La Alianza del Pacífico podría recuperar protagonismo

El análisis también destaca el potencial de la Alianza del Pacífico, mecanismo integrado por México, Chile, Colombia y Perú, para funcionar como un puente entre América Latina y las economías asiáticas.

Aunque la organización ha perdido dinamismo debido a diferencias políticas entre sus integrantes, todavía podría facilitar la diversificación de exportaciones, la cooperación regional y la incorporación de los países latinoamericanos a las cadenas productivas del Indo-Pacífico.

Para lograrlo, sería necesario reactivar la coordinación entre sus miembros y establecer objetivos económicos que trasciendan los cambios de gobierno y las diferencias ideológicas.

México necesita una estrategia de largo plazo

La ubicación geográfica del país le ofrece una ventaja particular: tiene acceso directo al mercado estadounidense, costas hacia el Pacífico y experiencia dentro de cadenas manufactureras internacionales.

No obstante, esa posición no garantiza resultados por sí sola. México deberá definir prioridades, fortalecer su infraestructura y construir condiciones que permitan aprovechar inversiones y oportunidades comerciales provenientes de distintas regiones.

El desafío consiste en evitar que la política exterior responda únicamente a presiones inmediatas o a la disputa entre Washington y Pekín.

Una estrategia basada en la autonomía, la diversificación y la cooperación permitiría a México mantener su lugar dentro de Norteamérica y, al mismo tiempo, incrementar su participación en la región que concentrará una parte importante del crecimiento económico mundial durante las próximas décadas.

Con información de la Universidad Iberoamericana.